jueves, abril 28, 2005

Greenpeace alerta en un informe presentado hoy sobre el riesgo de un grave accidente nuclear

Madrid, España — El envejecimiento de los reactores, los fallos inherentes a la tecnología nuclear y la pérdida de cultura de seguridad han elevado la probabilidad de sufrir un accidente a niveles nunca antes conocidos.
Un informe de expertos en seguridad nuclear realizado para Greenpeace Internacional y presentado hoy en Viena, sede del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), ha identificado un pronunciado descenso de la seguridad en reactores nucleares de diseño occidental y ha alertado de la posibilidad de que se produzca una grave accidente nuclear de consecuencias aún peores que Chernóbil, la mayor catástrofe nuclear hasta ahora conocida y de la que mañana se cumplirán 19 años.

El informe es un análisis exhaustivo de la situación de los riesgos nucleares en el mundo. El estudio concluye que debido a la combinación de una serie de factores (el envejecimiento de los reactores, los fallos propios de una tecnología intrínsecamente peligrosa, una cada vez menor cultura de seguridad nuclear como consecuencia de la falta de competitividad de la energía nuclear en un mercado eléctrico liberalizado, principalmente) los riesgos de los reactores del mundo occidental han ido aumentando en los últimos años y la probabilidad de que se produzca un accidente nuclear es ahora mayor que nunca.

Las principales conclusiones del informe son:

  • Todos los diseños de reactores tienen fallos inherentes de seguridad muy serios que no pueden ser eliminados por medios técnicos.

  • Un accidente grave en un reactor de agua ligera (la mayoría de los reactores en funcionamiento en el mundo; la totalidad de los que hay ahora en operación en España) podría liberar al medio ambiente radiactividad en un nivel varias veces superior al de la radiactividad desprendida en el accidente de Chernóbil, y cerca de 1.000 veces mayor que la de una bomba atómica de fisión nuclear (hay que recordar que la radiactividad liberada en el accidente de Chernóbil equivalió a 200 veces la emitida conjuntamente en los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki). En ese escenario habría que evacuar y recolocar a una gran cantidad de población en áreas de incluso más de 100.000 km2. El número de casos de muertes por cáncer podría exceder el millón.

  • La vida útil media de los reactores a nivel mundial es de 21 años y sin embargo muchos países están planeando extender la vida operativa de sus reactores más allá de lo previsto en su diseño original. Esto llevará inevitablemente a una degradación de componentes críticos para la seguridad y al incremento de accidentes severos y podría llevar a un accidente de máximo nivel.

  • La desregulación de los mercados (es decir, la liberalización del sistema eléctrico) ha llevado a las compañías eléctricas propietarias de centrales nucleares a tratar de minimizar costes y por ello a reducir las inversiones en seguridad nuclear. Paralelamente se ha producido una progresiva pérdida de cultura de seguridad. Al tiempo las compañías propietarias pretenden en muchos casos aumentar la potencia de sus reactores nucleares, por ejm, aumentando la presión y la temperatura de funcionamiento del reactor. Esto conlleva una aceleración del envejecimiento y una disminución de los márgenes de seguridad. Los organismos reguladores (en España, el Consejo de Seguridad Nuclear,
    CSN) no son capaces de hacer frente a esta nueva realidad.

  • Las centrales nucleares no están suficientemente protegidas contra eventuales ataques terroristas. Hay diversos escenarios -además del posible choque de un avión comercial de una aerolínea contra el edificio del reactor de una central nuclear- que podrían ocasionar un accidente nuclear de máximo nivel.

  • El combustible nuclear gastado, altamente radiactivo, almacenado en las centrales nucleares o en las plantas de reprocesamiento necesitan refrigeración activa. Si ésta falla, podría producirse una liberación masiva de radiactividad al medio ambiente, incluso mayor en gravedad al de la catástrofe de Chernóbil.

  • Los impactos del cambio climático, tales como grandes inundaciones, incremento del nivel del mar y sequías extremas, incrementan seriamente el riesgo nuclear.
"La propaganda de la industria nuclear trata de ocultar que en realidad está sumida en una grave crisis, con un número muy limitado de reactores en construcción y apenas encargos de nuevos reactores, con altos costes y reactores cada vez más envejecidos"- ha declarado Jan Vande Putte, Director de la Campaña de Energía Nuclear de Greenpeace International.

El informe de Greenpeace contradice los recientes intentos del OIEA de quitar importancia a los crecientes problemas de seguridad nuclear, en su Conferencia de Revisión de la Convención de Seguridad Nuclear, de dos semanas de duración, que tuvo lugar a puerta cerrada, y que concluyó el pasado 22 de abril en Viena.

Greenpeace exige al OIEA que deje de promover esta peligrosa industria. “El OIEA está actuando irresponsablemente tratando de ocultar la crítica condición de las centrales nucleares y el declive global de la seguridad”, afirmó Van de Putte

Greenpeace demanda un rápido abandono de la energía nuclear como la única medida efectiva para ir disminuyendo riesgos y su sustitución por recursos energéticos más limpios, baratos y seguros como el ahorro y la eficiencia energética y las energías renovables.

NOTA:
Greenpeace pone a su disposición el informe original (en inglés) “Nuclear Reactor Hazards. Ongoing Dangers of Operating Nuclear Technology in the 21st Century”. (Abril de 2005. 128 páginas) e


— Greenpeace

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